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Todo sobre el Botox®.

Desde 2003 el mercado español cuenta con una nueva solución antiarrugas: la toxina botulínica, creada por los laboratorios Allergan y comercializada bajo el nombre de Botox®.

El Botox® son unos polvos blancos que el médico prepara añadiendo una cantidad variable de suero psicológico estéril. El líquido obtenido se inyecta con la ayuda de una fina aguja, en cantidades muy pequeñas, en la piel o en los músculos de la zona en la que se quieren eliminar las arrugas. Las inyecciones apenas duelen y duran pocos minutos. El médico debe encargarse de dosificar el producto correctamente y de inyectarlo en las zonas adecuadas. Tras una sesión de inyección de Botox® no hace falta masajear ni tocar el área tratada; sin embargo se deben contraer los músculos afectados varias veces por minuto en el período de una hora.

Este tratamiento está especialmente indicado para las arrugas del entrecejo, las de la frente o las patas de gallo. También son poco favorecedoras las que aparecen en la zona de la nariz, el mentón o el cuello. Utilizar Botox® para tratar las arrugas de alrededor de los labios es más delicado, ya que dichos músculos son necesarios para hablar y alimentarse.

En España, sólo están autorizados a aplicar este tipo de inyecciones antiarrugas los dermatólogos y los cirujanos plásticos, los cirujanos especializados en el rostro y el cuello, y los maxilofaciales.

Pueden aparecer efectos secundarios poco deseables como dolores de cabeza, hematomas, edemas, dolores y pequeños hundimientos del párpado tras la sesión de inyecciones. Si el producto afecta a músculos no previstos, como las unidades de motor de los ojos, puede provocar estrabismo y tener que pasar por un período de recuperación. Por fortuna, estos efectos secundarios duran, como mucho, pocos meses después de que el efecto del Botox® empiece a reducirse. 

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